jueves, 1 de enero de 2026

Divertida y entrañable, reseña de «Todo se queda en familia»

Tomás González resumió con precisión el sentimiento de muchos autores al momento de promocionar su obra: «Cuando uno escribe, escribe todo lo que quería decir», haciendo alusión a lo difícil que resulta en ocasiones hablar sobre los libros. Y eso quizás es lo que me sucede ahora. Sin embargo, intentando ser lo más lacónico posible, les contaré un poco sobre Todo se queda en familia, mi más reciente publicación.

Todo se queda en familia es una compilación de once relatos que exploran la vulnerabilidad de quienes han convivido con fenómenos como la migración o el conflicto armado, en especial en la región de los Llanos orientales. Además, muestran cómo la violencia redefine los vínculos personales, los sueños, la vida cotidiana y lo transgresora que puede llegar a ser la existencia.

En ellos, personajes como Arturo, retenido por miembros de las AUC mientras atendía su negocio en Paz de Ariporo; o «La Chula», tanatopractora que enfrentó a la muerte por muchos años sin perder su humanidad, encarnan las tensiones entre el dolor, la dignidad y la resistencia que suelen presentarse en escenarios de conflicto.

Pero no todo es sufrimiento y angustia. También hay espacio para el humor, el sarcasmo o la ternura. Como en La paisita, donde su protagonista, pese a saber que el fulgor de su juventud se ha marchitado, no ha perdido la capacidad de mofarse de sus aventuras como trabajadora sexual. O en Adiós, Paloma, donde doña Eugenia, o lo que queda de ella, aguarda con esa obstinación que siempre la ha caracterizado, sentir por última vez a ese ser a quien profesaba un callado pero genuino afecto.

Estas narraciones, en su mayoría íntimas, son un intento por reconocer esa vida anónima e insospechada, donde se hallan un montón de historias de un gran valor humano. Hay un pasaje en La grosella, uno de los cuentos que más me gustan de Chéjov, que refleja buena parte de la esencia de estos relatos, y también un tanto de mi escritura hasta ahora:

Los hombres que vemos son aquellos que van al mercado a hacer la compra, los que de día comen, de noche duermen; vemos a los que van por ahí diciendo tonterías, se casan, envejecen y llevan apacibles al cementerio a sus difuntos; pero no vemos ni oímos a los que sufren. Todo cuanto de pavoroso tiene la vida ocurre no se sabe muy bien dónde, como quien dice, tras bastidores.

Sin mucho más que agregar, mencionaré que disfruté bastante al escribir estos relatos. Me asombré, me reí, empaticé con algunos personajes, me reconocí en otros, viví otras vidas. Fue una experiencia divertida y entrañable. Y espero que usted, apreciado lector, sienta lo mismo, o al menos algo parecido.

viernes, 19 de septiembre de 2025

¡Hola!

Estoy muy feliz de contarles de que Todo se queda en familia, mi más reciente publicación, ya está disponible. Es una colección de relatos, todos ellos ilustrados, que exploran lo ominoso y oscuro de la condición humana. 

Para mayor información de costos y envíos, te puedes comunicar al celular: 3117881613. 

viernes, 23 de mayo de 2025

El mango: el árbol estoico del llano

Cuando el verano está por culminar y el invierno se acerca, hay un acontecimiento que sin duda alegra la vista al recorrer las carreteras de los llanos orientales: la temporada de los mangos. Da gusto ver esa cantidad de pepas verdes y amarillas colgando de los árboles, tan inmensa que a veces da la sensación de que nunca fueran a acabarse.

Y es que a pesar de las altas temperaturas, en ocasiones alcanzan los 36, 37 C°, este árbol consigue sostenerse y lograr una producción de frutos impresionante. Tan grande es su cosecha, que durante el segundo trimestre del año el mango se convierte en el alimento más accesible (por no decir que gratuito) de todas las clases sociales de la región, y también, en uno de los de mayor variedad gastronómica.

En una primera etapa, lo encuentras en la presentación más apetecida de niños y adolescentes: el mango biche, de la mano de mucha sal, limón y pimienta. Luego está la presentación favorita de las mamás: el jugo de mango. De ahí en adelante se te puede aparecer en un dulce, un postre o en una ensalada para acompañar las comidas, y claro, en el menú habitual de las heladerías.

Pero el mango no solo te ofrece su exquisita fruta, al ser tan frondoso y casi siempre de gran tamaño, la frescura de su sombra te protege de esos calores inhumanos. La infusión de sus hojas es usada para desinfectar heridas o tratar enfermedades gastrointestinales. Y cuando su tiempo ha llegado a su final, sus hojas y ramas secas son el combustible perfecto para una hoguera, y su madera, la materia prima de muebles e instrumentos musicales.

Sin duda, uno de los árboles más pluri-serviciales que se encuentra en la Orinoquia.

Su existencia es un símbolo de abundancia, de seguridad alimentaria, en tiempos de escasez, cualquier mango es caviar. También es una oda a la resistencia, al estoicismo. Ni el verano más fuerte, ni la falta de cuido, ni las piedras que le lanzan para bajar sus frutos, logran mermarlo. Intacto e incólume, nos demuestra una vez más que la naturaleza, la vida misma, no sigue lógicas ni maneras dictadas por el hombre.

Quizás su único punto negro, si es que queremos encontrarle uno, es el chiquero que deja tras la mudanza de su follaje y el mosquero causado por la mancha blancuzca de su fruto. Pero siendo justos, para un árbol de tan generosas regalías, que nadie abona ni riega, que por lo general ni siquiera se siembra –basta con arrojar una pepa de mango a cualquier parte y esperar que la lluvia y el sol hagan el resto­–, es un precio más bien irrisorio el que debe pagarse.

Tal vez no lo recuerde –entre más cotidiano es un evento, más invisible se vuelve­­– pero es muy probable que algunos pasajes de su vida estuviesen acompañados por la presencia de este árbol. Desde una divertida bajada de mangos con amigos o familiares, o mecido en un chinchorro contemplando la existencia bajo su sombra, él siempre fue el aliado perfecto de esos ratos alegres y apacibles. Tan perfecto que, pese a no recibir reconocimiento por su benevolencia, año tras año la siguió ofreciendo sin ningún reparo.

jueves, 20 de marzo de 2025

La vida va en serio

En Colombia, una buena parte de los adultos mayores[1] no tiene acceso a privilegios o asistencias que les permita llevar de manera cómoda y digna esa etapa de la vida[2]. Y aun así, contando con algún tipo de respaldo económico o familiar para afrontar la vejez, asumo lo poco grato que debe ser aceptar estar en edad de pensión. 

De repente, ya no mides el tiempo de manera normal, por años o por décadas, sino por la cantidad de presidentes de la república o Papas a los cuales has sobrevivido. No entiendes los temas de conversación de los más jóvenes, y cada tanto debes pedirles ayuda porque las nuevas tecnologías parecieran estar en contra tuya a cada momento.

Te das cuenta de que tus capacidades motoras han disminuido notablemente, que te cansas con facilidad, que al menor descuido, sin importar el sitio, te quedas dormido. Ahora debes usar gafas para ver el nombre de los medicamentos y no confundirlos, si es que no olvidas tomarlos. Tu memoria a corto plazo desaparece, junto con el nombre de algunos familiares o conocidos.

A menudo vives de mal genio y ya nada parece ser de tu agrado. Le pides a la gente que hable duro para poder escucharla. Das respuestas incoherentes en las conversaciones porque malinterpretas lo que te dicen, o asientes con la cabeza o pronuncias monosílabos porque en definitiva no entendiste nada.

No puedes comer esto, o beber aquello, porque se te suben los triglicéridos o el azúcar.  Tienes dolores constantes de cabeza, huesos y espalda. Sufres de hipertensión, te agarra la menopausia, la andropausia, la gota, o el reuma. Tu estómago se inflama con facilidad, y cuando vas al baño, parece micción imposible.

Pierdes injerencia en el trabajo o en tus actividades cotidianas. Tus decisiones no son acatadas como antes, tus hijos simulan estar de acuerdo contigo en algunas cosas para no llevarte la contraria. A tus conocidos les aburre escucharte contar las mismas anécdotas de siempre, ignoran tus consejos y fingen divertirse con tus chistes.

Te arrepientes de las cosas que no hiciste, de irte de un lugar, de no haberte ido, de que no fuiste lo que querías ser, de haberte creído invencible. Pierdes la cuenta de tus muertos, vives con el recuerdo latente de ese ser amado fallecido, y a pesar de estar rodeado de personas, quizás de tu familia, te sientes más solo que nunca.

Das gracias por todo y te pones sentimental por cualquier cosa. Te sientas en una silla afuera de tu casa a contemplar a los transeúntes sin poder reconocerlos, y piensas en el ayer, lo añoras. Te sientes desconectado del presente, te parece hostil, no hay espacio para ti en él, lo que reafirma tu creencia de que todo tiempo pasado, fue mejor.


[1] En Colombia, los adultos mayores son aquellas personas que tienen 60 años de edad o más (Art. 3 de la Ley 1251 de 2008).

[2] Según el DANE, solo el 25,5% de las personas en edad de pensión goza efectivamente de esta prestación económica. – M., J. R. (2023, junio 21). Estas son las condiciones de vida de los adultos mayores en el país. Portafolio. https://www.portafolio.co/economia/finanzas/adultos-mayores-en-colombia-cual-es-el-panorama-actual-584749.

martes, 21 de enero de 2025

Tenemos que hablar

¡Hola! Me agrada que el blog siga teniendo visitas, así que compartiré por aquí algunas de las columnas que publico en otros sitios. 

Como siempre, muchas gracias por leerme ✌️.  

Al revisar unos guiones radiofónicos, hechos por los participantes de un taller de radio, al cual fui invitado como tallerista, encontré que la mayoría de los escritos contaban con la generosa colaboración de ChatGPT.

Comencé a sentir curiosidad por lo bien redactados que estaban los guiones, sobre todo uno en particular. Párrafos cortos y bien estructurados, con más puntos seguidos que comas y con los signos de interrogación y admiración completos. No eran perfectos, pero sí extrañamente buenos para jóvenes entre los 18 y 25 años que por primera vez hacían este ejercicio.

Hasta ese momento, pese a ciertas señales de un posible plagio, lejos estaba de imaginármelo. Tal vez mi escaso conocimiento en los usos de las inteligencias artificiales, y el hecho de haber subestimado un copie y pegue para esta tarea, hicieron que mis dudas sobre la originalidad de los escritos fuesen minúsculas.

Pero todo cambió cuando entregué la retroalimentación de los guiones. A los grupos que participaron, les escribí por WhatsApp felicitándolos por su gran trabajo y por aplicar los consejos dados durante el taller. La mayoría de los grupos respondió a mis felicitaciones con gran satisfacción y reaccionando con emoticones o stickers, excepto uno. La respuesta de este excepcional grupo fue una lacónica, pero reveladora frase: vale gracias.

Ese «vale gracias», me recordó la escena donde Watson, en Sherlock Holmes 2, descubre al asesino en el salón de baile. Tras derribar de forma deliberada una bandeja con copas de champán, Watson observa con atención al único hombre de la sala que no desvió su mirada en dirección a las copas rotas.

—El asesino tomó precauciones para no delatarse… — comenta Sherlock Holmes en una escena simultánea a la del salón de baile.

—Podría no ser tan obvio, continúa Holmes — un tic nervioso, señales de ansiedad. O tal vez sea lo opuesto: olvidar actuar natural. Un actor tan inmerso en su papel, que la única característica que no exprese sea una reacción espontánea.

Luego de consultar a un amigo sobre cómo saber si alguien estaba usando ayuda extra en sus escritos, me recomendó un detector de ChatGPT que podía encontrar en internet. Al pasar los guiones por el detector, el resultado fue bochornoso. Más del 87 % del contenido de los textos había sido generado por una IA.

Sentí un leve enojo por el tiempo que invertí revisando los guiones, pero ni el fraude, ni el hecho de que hubiesen pretendido engañarme, me molestó. No es la primera ni será la última vez que alguien decida utilizar un contenido ajeno, y luego lo haga pasar como propio. El plagio está mal y se debe reprochar y castigar. Pero, como diría una frase popular, «por ahí no van los tiros».

Lo que experimenté tras lo sucedido fue más bien desazón, desazón de corroborar que día por día ya nadie quiere imaginar. Y no solo son los jóvenes, los más grandes también andamos en esas. O estamos muy saturados, o muy vacíos, que hemos decidido de manera paulatina huir de cualquier esfuerzo que implique pensar.

Nos conformamos con ese lenguaje soso, reiterativo y simplón que a diario se nos impone, y que, como buenos vasallos, aceptamos sin mayor protesta. Estructurar palabras o sonidos de tal manera que nos permitan extraer la belleza habitada en ellas, nos abruma, nos molesta. Siempre jugando a lo seguro, a lo fácil, aplicando la ley del mínimo esfuerzo.

Viene bien para este momento, lo dicho por Estanislao Zuleta en su ensayo Elogio a la dificultad [1]:

«Hay que poner un gran signo de interrogación sobre el valor de lo fácil; no solamente sobre sus consecuencias, sino sobre la cosa misma, sobre la predilección por todo aquello que no exige de nosotros ninguna superación, ni nos pone en cuestión, ni nos obliga a desplegar nuestras posibilidades».

Hace poco vi en YouTube el Tiny Desk de Ca7riel & Paco Amoroso, dos músicos argentinos, que me voló la cabeza. Dos tipos, acompañados por un grupo de músicos estelares, interpretaron una serie de canciones con una cantidad de ritmos entremezclados, letras sensuales y extravagantes, y un solle brutal. Una locura que dura aproximadamente 17 minutos, y que quizás sea uno de los mejores productos audiovisuales del 2024.

Al verlos, pensé en lo importante de su existencia en un mundo como este: plagado de frases hechas, de sonidos y mezclas predeterminadas y de inteligencias artificiales escribiéndote qué decir. Se necesitan muchos como Ca7riel & Paco que quieran arrojar la bandeja al suelo, y que con el ruido de las copas le hagan saber a la gente que está viva, que se vale innovar, que el miedo a la experimentación y al raciocinio solo es propio de seres inseguros y limitados.


[1] Zuleta, Estanislao. (2017). Elogio de la dificultad y otros ensayos. Editorial Planeta. https://www.planetalector.com.co/usuaris/libros_contenido/arxius/44/43162_1_Elogio_de_la_dificultad_contemporaneo.pdf

 


La inutilidad de la amistad

Mientras comía empanadas en un pequeño local, dos mujeres muy cerca de mí conversaban sobre un hombre que le daba la oportunidad a una de ellas de tener un empleo.

—Por fin sirvió ser amiga de ese man, dijo la más joven.

Me causó gracia pero no extrañeza las palabras de la chica. Por supuesto, su comentario no deja de sonar algo egoísta. Pero que los vínculos humanos, como la amistad, estén basados en el rédito que de él pueda obtenerse, no es una novedad.

Aristóteles decía que existe una amistad basada en la utilidad, donde lo que se valora de un amigo es su beneficio. Y aunque para muchos esta idea puede ser discutible, es viable según el propio Aristóteles cuando hay una comprensión compartida del origen de la amistad [1]. Dime que tan útil eres y te diré que tan amigos podemos ser, sería quizás el adagio aplicable en este caso.

Sin embargo, pese a existir consenso y conciencia del tipo de amistad que estamos entablando, ese provecho recíproco con el tiempo puede derivar en un repugnante manoseo del otro.

Decir que al entablar una relación de afecto con alguien no haya ningún tipo de interés, sería mentir. Porque aunque no busquemos nada material, podemos estar tras esas sensaciones que nos hacen bien y que no encontramos en otro lugar. Pero relegar un vínculo tan bello como la amistad a una mera transacción de beneficios, no deja de parecerme propio de seres mezquinos.

Y es justo allí donde me surge un par de interrogantes: ¿Debe la amistad ser un intercambio recíproco y constante de ayudas y favores?, ¿considerarse buen amigo de alguien significa estar siempre a su lado? Algo me dice que estamos condicionando los lazos afectivos a una continua prestación de servicios personales, que de interrumpirse, podría dar origen a una serie de disgustos y malentendidos, en el mejor de los casos.

Todos necesitamos en algún momento esa mano amiga, ese abrazo o ese consejo indicándonos que todo estará bien. Anhelamos tener a alguien que, en la enfermedad o el desempleo, nos dé su apoyo y nos haga saber que no estamos solos. Pero pretender recibir ayuda cada vez que la requerimos, aparte de ser materialmente imposible, es de un egoísmo y atrevimiento propio de esta época.

Tal vez no haya objeción en que un buen amigo es aquel con el que disfrutas los días soleados, y al mismo tiempo con el que te resguardas cuando el sol raya de frente. ¿Pero y si concertarnos que la amistad también es conversar sobre cosas sin importancia? De recordar las novelas y los muñequitos que de niño veías en la T.V. o de compartir una cerveza o una comida un viernes por la noche echando chisme.

Ni hablar de ese libro que regalas por el simple de hecho de creer que le gustará a esa otra persona, o le hará bien su lectura.

Hay un pasaje en el Libro del desasosiego, de Pessoa, que dice: «¿Por qué es bello el arte? Porque es inútil. ¿Por qué es fea la vida? Porque está llena de fines y propósitos e intenciones».

Un amigo de verdad no atiende tu llamado de auxilio para acumular puntos y luego redimirlos al necesitar un favor tuyo. Te ayuda porque odiaría saber que las conversaciones sobre asuntos sin importancia, no van más. Sentiría un gran vacío al no poder enviarte esa frase interesante que encontró en el libro que está leyendo, o ese meme o tuit divertido que vio en internet.

La vida ya de por sí es compleja (y eso es quedarse corto), como para imponerle a otro parroquiano la difícil tarea de salvarte el pellejo cada vez que lo requieras. Aprendamos a disfrutar lo hermoso de lo inútil, y tal vez las decepciones serán menos. Y los amigos, los buenos, más.


Referencia:

[1]   Katz, Emily. (01 de junio de 2023). Tres lecciones de Aristóteles sobre la amistad. Ethic. https://ethic.es/

 

Divertida y entrañable, reseña de «Todo se queda en familia»

Tomás González resumió con precisión el sentimiento de muchos autores al momento de promocionar su obra: «Cuando uno escribe, escribe todo l...