En las fronteras
colombianas con otros países o en el aeropuerto El Dorado, en lugar de un
letrero con las palabras «Bienvenido a Colombia», debería ir esta frase de
Truman Capote: No hace falta estar loco para vivir aquí, pero facilita las
cosas. De ninguna otra manera podría explicársele al mundo, y a nosotros
mismos, cómo le hacemos a diario para lidiar con nuestra realidad tan
folclórica, absurda, sangrienta y desigual.
Buenas. Para esta
entrega, el libro reseñado contiene bastante lenguaje bíblico, lluvias
torrenciales y gente pobre. Con él, además de reírse con agrado, aprenderá
sobre ángeles, hará una inmersión en las barriadas bogotanas y presenciará,
como dice su autora, ese sentimiento fuerte de desprotección que llevamos todos
los colombianos. Bienvenidos a Dulce compañía, de Laura Restrepo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario